El siglo XX se caracterizó por una profunda investigación en torno a la enfermedad que es considerada hasta el día de hoy como una epidemia mundial… el cáncer.

Miles de millones de dólares se han invertido para entender la enfermedad y estar en condiciones de detectarla en etapas cada vez más tempranas y de producir medicamentos más potentes para destruir a la célula cancerosa.

Por desgracia, los resultados nos confirman día con día, que con ésta línea de investigación, aún se encuentra lejano el tiempo de la  Victoria.

Una linea de Investigación Diferente

En la tercera década del mencionado siglo, científicos de Suiza y Alemania iniciaron una línea de investigación diferente para enfrentar el padecimiento.

Es decir los recursos que el sistema ¡nmunitario de todo ser humano posee para mantener a una persona libre de esta enfermedad tan devastadora.

De ésta manera, se logró conocer la función de los macrófugos (células encargadas de detectar, mediante señales químicas, cualquier desviación en el desarrollo y el crecimiento de cada una de las células que conforman los diferentes tejidos del cuerpo humano), de los linfocitos T y las células NK (que tienen la capacidad de reconocer la membrana celular de la célula cancerosa y perforarla con moléculas químicas llamadas interleucinas, produciéndose con ello su deshidratación y muerte).

En los círculos científicos de Europa, se entendía ya que el cáncer era consecuencia de una depresión de la inmunidad antitumoral natural.

Basados en las enseñanzas y las  indicaciones del Dr. Rudolf Steiner, fundador de la Antroposofía, un grupo de científicos del instituto Hlscia, de Arlesheim, Suiza, dirigidos por Tibor Hajto y Katarina Hostanska investigaron el efecto del extracto de Viscum Album sobre la inmunidad antitumoral.

Las conclusiones se tradujeron en incremento de la actividad de las macrofagos. los linfocitos “T”, las células NK y de la producción de interleucinas muy importantes coma lo es el factor
de necrosis (muerte) lamaral, entre otras.

Por otro lado, científicos de la antigua  U.R.S.S dirigidos por Metalnikov (1930) y más recientemente (aunque ya tiene tiempo) Aders y Cohén (1980), estudiaron del efecto del Estrés y la depresión emocional sobre la inmunidad antitumoral natural.

Lo que observaron fue una depresión de la actividad inmune antitumoral y por ende, una mayor incidencia en el desarrollo de tumores.

Nos da la respuesta

 La estimulación del sistema inmune antitumoral a través del uso de productos investigados y probados científicamente y un trabajo realizado con la persona enferma, en torno a su sistema de creencias, sentimientos, emociones y actitudes, que tenga como punto de partida un conocimiento profundo de la constitución ternaria del hombre resultan los aliados indispensables para ganar la batalla de una manera humana al cancer.

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